Machismo inadvertido y búsqueda de igualdad

El machismo es un modo de pensar y actuar tan impregnado en nuestra sociedad que a veces no nos damos cuenta que tenemos estas actitudes, por lo que vale la pena cuestionar todo lo que hacemos, no hacemos y decimos en nuestro día a día.

Si bien muchos de nosotros somos citadinos y nos es poco frecuente ver comportamientos machistas como los que hay notoriamente en el norte del país (donde hay una misoginia desmesurada, al grado de no poder sostener la mirada una mujer a un hombre porque esto los exaspera) esto no significa que no existan o que sean menos violentos; en general este problema cultural está en todas partes y a veces es demasiado sutil aunque igual de dañino.

Micromachismo

Este término fue creado en 1990 por el psicólogo Luis Bonino para definir a las conductas que ponen encima de la mujer al hombre de una forma poco perceptible, sutil e inadvertida, lo que las hace peligrosas porque se camuflan muy bien para seguir sosteniendo este pensamiento. Partiendo de esta idea, se vuelve necesario hacer hincapié en replantearnos, mujeres y hombres, nuestro actuar cotidiano.

El micromachismo se manifiesta en los roles de género, en el lenguaje sexista y en la cosificación e hipersexualización del cuerpo de la mujer, por mencionar algunos.

Ejemplos de micromachismo son:

  • Decirle “no seas niña” a alguien que se está quejando.
  • Pensar o decir que las mujeres no se pueden casar si no saben cocinar.
  • Atacar a las personas feministas o utilizar términos de manera despectiva como “feminazi”. De la forma en que sea, son personas que luchan por sus derechos.
  • Los hombres no pueden llorar.
  • Creer que una mujer está en un buen puesto porque se acostó con el jefe o un hombre influyente.
  • Pensar que un hombre que ha tenido muchas parejas o que es infiel es un galán. Por el contrario, una mujer en las mismas condiciones es “una puta”.
  • “Nosotros no tenemos un día del hombre, porque todos los días son nuestros”, respecto al Día de la Mujer.
  • Un mesero le entrega la cuenta solamente al hombre.
  • Los hombres no se pueden saludar de beso porque pierden su masculinidad.
  • Pensar que si el conductor va manejando mal, es una mujer la que va al volante.
  • Ofender y creer que una mujer es “una puta” por su forma de vestir.
  • Tener en mente que una relación sexual entre mujeres está incompleta porque falta el pene.

Lo anterior sólo por mencionar algunos, pero la realidad es que son muchos los comportamientos micromachistas de los que llegamos a ser partícipes.

Igualdad

La acción afirmativa es el término que se refiere al conjunto de medidas cuyo propósito es dar un trato preferencial a grupos desfavorecidos (como indígenas, mujeres, personas con discapacidad y niños y niñas) para mejorar su nivel de vida y lograr una igualdad de oportunidades, reduciendo y eliminando las prácticas de discriminación contra ellos. Es muy frecuente caer en el error de pensar que estas políticas en vez de construir el tejido social, lo resquebrajan; sin embargo si se analiza el trasfondo, nos daremos cuenta que no es así.

Hay una analogía muy común que se utiliza para dejar más clara la idea de lo que se pretende alcanzar con la acción afirmativa: dos personas tienen el objetivo de cruzar hacia el otro lado de un muro. Una de ellas tiene una estatura muy baja, por lo que le costará más trabajo impulsarse para llegar a lo alto del muro y así cruzar; ante esta situación se le da un banco que lo pone a la misma altura que la otra persona.

Históricamente y a nivel mundial, las mujeres han sido un grupo en condiciones de vulnerabilidad que en todo aspecto han sido puestas por debajo de los hombres y que incluso en pleno siglo XXI no gozan de los mismos beneficios y derechos que ellos. Por lo tanto, cualquier acción para nivelar los pisos de oportunidades entre la mujer y el hombre es buena (como programas e iniciativas para el fortalecimiento político de la mujer, lenguaje inclusivo o acceso a la justicia para la mujer) en un contexto en el que se asesina, discrimina y menoscaba a la mujer por el simple hecho de ser mujer.

Basta con ver que no hay candidatas a la presidencia estas elecciones en México, basta con ver cuántas ministras en la Suprema Corte hemos tenido a comparación de ministros, quiénes ocupan preponderadamente los altos cargos, quiénes son la cabeza de familia, o quiénes ganan los mejores sueldos. Debemos concientizar profundamente sobre este hecho tan enraizado en nuestra cultura, hay que empoderar a la mujer en todas las esferas empezando por la familia (en ocasiones, la mujer misma es la que propicia en el seno familiar el machismo) y hacer un análisis crítico del contexto en el que nos desenvolvemos y de nosotros mismos.

Autor: Daniela Montero

Estudiante de Derecho, éste como herramienta para la transformación social.

One thought

  1. Considero que los cambios sociales son generacionales y afortunadamente está generación difunde y promueve acertadamente la no aceptación del machismo, excelente artículo, muy informativo.

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