Desintegración

Hoy parece que la suerte está echada, y la mirada de millones brilló ante la idea de que por fin se les hizo presenciar un acto de terrorismo que –para algunos- pareció justo por la naturaleza –otorgada- de quien siempre se ha dicho injusto. Quizá algunos se alegren con la idea de la erradicación de las ideas heredadas por la confianza de hace muchos ayeres, pero en algún momento todo es erradicado.

El día de ayer, las armas sonaron estruendosas –como siempre- rompieron así, el tenso momento de limitada paz. Apareció el terrorismo, fue contra un mandatario que en su momento heredo el símbolo de la lucha de su pueblo; sin embargo, últimamente ha venido buscando egoístamente solo lo que les interesa a unos pocos, sin preocuparse de las necesidades de los demás; momentos después acusó a las naciones “aliadas al imperio” de cerrar los ojos y unir sus intereses. Hizo responsables a quienes la guerra les parece un buen medio para solucionar los conflictos. Amenazó con represalias, e incluso defenderse con más guerra.

La guerra no parece ser la alternativa, porque aunque la victoria se alcance, esta no es más que una simple creencia que parece inmensurable, sin embargo, esta no sana el tormento de un prisionero, ni elimina el sufrimiento de quienes perdieron todo por alcanzar la meta colectiva. Una minoría planeó dicho atentado, “la ultra derecha” -en conceptos venezolanos-. Intentaron resolver un problema por la vía corta, pero intentar resolver un problema, tiene poco beneficio si al hacerlo se crean otros peores, por tanto, la única alternativa es dejar la responsabilidad de quienes en algún momento otorgaron su confianza.

La triste situación de hoy en día de ese país y las complicadas aspiraciones de su pueblo solo pueden ser alcanzadas mediante la paz, y no solo entendida esta como la ausencia de guerra, porque claro está que sería excluir al resto, al que se muere de hambre, de frio, de olvido…. Que los Estados ya no florezcan de la guerra, más bien, que crezca desde dentro del pueblo.

Ningún entendimiento es posible si no se insiste en el respeto a los derechos de los demás. Los derechos de todos siempre son objeto de debate, muchos se obtuvieron con la atención del pasado, pero todos pretenden levantarse con grandeza ante el futuro. La paz solo puede durar ahí donde los derechos se respetan, donde la gente está alimentada y donde todos son libres. Ojalá todos fueran amantes de la paz sin dejar de ser valientes por ello.

Autor: Emmanuel Robles

Estudiante de Facultad De Derecho UNAM, Fundador de Semanario Revueltas.

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