A una semana, todo lo acontecido en la UNAM.

Es excelente que autoridades universitarias como el Rector Enrique Graue Wiechers, o el Director de la Facultad de Derecho, Raúl Contreras Bustamante, quieran conmemorar el movimiento estudiantil de 1968. Por desgracia, parece que no logran entender dicho movimiento.

Al conmemorar eventos trágicos como la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco, se busca en parte la reflexión, para evitar que algo así vuelva a ocurrir. Es eso lo que muchas autoridades de la Máxima Casa de Estudios no han comprendido aún.

Cincuenta años después, son exhibidos por su incapacidad de garantizar condiciones mínimas de seguridad para sus estudiantes. Tampoco pueden aportar absolutamente nada para que el (de por sí) mediocre gobierno de José Ramón Amieva garantice justicia para aquellos que son víctimas de algún delito (acoso, violación, asalto, etcétera), ya sea dentro o en los alrededores de CU.

Todo esto despertó en nosotros indignación pura que después intentarían silenciar, cobardemente y sin éxito.

Comenzó el lunes 3 de septiembre, cuando estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Plantel Azcapotzalco, se manifestaban pacíficamente en la explanada de la Torre de Rectoría de Ciudad Universitaria. Fue entonces cuando ocurrió la desgracia, y fueron atacados por PORRO$, que no son otra cosa más que grupos de choque, financiados para causar disturbios que logren quebrantar protestas legítimas.

Es bien sabido que hay intereses políticos detrás del porrismo.

¿Quién más podría ser? ¡Claro, el Partido Revolucionario Institucional!

Con un estilo viejo e infame, las autoridades universitarias han financiado la represión. Y no dan la cara, sino que se limitan a “condenar, rechazar o reprobar” (eso sí, “enérgicamente”) que miembros de la comunidad fueron gravemente heridos, estando en riesgo su vida (https://bit.ly/2NC3QQA).

Pero la respuesta de las y los estudiantes contra el porrismo, contra la inseguridad y contra la impunidad, fue simplemente contundente.

En cuestión de horas, las Facultades, Escuelas y Centros, uno a uno se iban a un paro de sus actividades académicas, y las llaves eran entregadas al alumnado que en las noches cuidaría, ante un posible regreso de los porros.

Debo confesar que me preocupaba que, ante tal movilización, la apatía e indiferencia que suele reinar en la Facultad de Derecho, mi Facultad, no tardaría en hacerse presente, que los “Consejeros” a modo de nuestro Director lograrían echar abajo la oportunidad de solidarizarnos y ser partícipes de la exigencia colectiva de justicia por los compañeros heridos y sus familias, y por una Universidad segura, democrática, y libre de porros. Pero no fue así…

Hace una semana, el día martes 4 de septiembre, la Asamblea General resolvió llamar a elecciones, mismas que lograron legitimar la decisión. Así, la próxima generación de juristas permitió que por su Raza hablara su Espíritu: con más de 1500 votos, la Facultad de Derecho se unía a la protesta.

Y claro, no faltaron las nefastas voces que, como si fueran Karime Macías de Duarte (sí, Duarte, el ex-jefecito del Director), se la pasaban repitiendo: “Sí merezco estudiar, sí merezco estudiar, sí merezco estudiar”

Lo señalé en su momento, no se trataba de satisfacer un deseo pasajero de no asistir a clases. Pero si a escasos metros de tu Facultad, tus propios compañeros son agredidos y las autoridades no hacen nada, ¿dónde está la justicia?

Y pregunto por justicia de verdad, no la teoría repleta de dogmas que tus “maestros” te obligan a repetir como loro para ponerte un 10 en el sistema.

Haber asistido a clases habría sido un gran error, pues con ello nos condenábamos a encerrarnos en una burbuja en la que simulamos por un breve momento que la violencia no existía, nos condenábamos a una simulación. O aunque supiéramos lo que pasaba afuera sin negarlo, meternos a las cómodas aulas podía ser nuestra forma de avalar la represión, aceptándola obedientes.

Para desgracia de los apáticos que se muestran ajenos a los problemas, de la UNAM y de México, la noche del martes el Director Raúl Contreras aceptó la democrática, justa y solidaria demanda de los alumnos:

Y era sólo el principio, la marcha del miércoles 5 de septiembre quedará para siempre en la memoria de la Universidad y de la Nación. Después de todo, la UNAM es un reflejo de nuestro país.

Pero entre asambleas y pliegos petitorios, parece que nuestras autoridades no aprenden, pues desean darle vuelta a la hoja compartiendo en sus redes que el campus es un lugar en paz y no pasa nada malo. A estas alturas ya deben saber que la voz estudiantil no puede silenciarse.

Autor: Alfredo Ruiz

Estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México. Director de Difusión Cultural del Club de Oratoria y Debate de la Facultad de Derecho. Sígueme en Twitter e Instagram: @alfredorzmz

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