La Universidad y la Democracia

Las épocas históricas recorren los mismos caminos y fatídicamente igual comparten destinos. Se puede hablar de lucha de clases, de búsqueda de estilos de vida, de historia de masas, de revoluciones tecnológicas o industriales, de personajes que logran romper los esquemas para sobresalir pero realmente eso no importa si el destino será igual; la aniquilación o el exterminio. Entonces, ¿qué debemos de buscar? ¿Por dónde empezar?
Las ideologías están en un proceso de agonía pero se niegan a desaparecer. El mundo si bien ya no se rige por sistemas homogéneos ortodoxos como en el siglo anterior, está entrando en una fase de ecléctisismo bastante ridículo. Donde se pretende tomar principios y filosofías de lo considerado correcto para luego negarlas y adaptarlas a situaciones dependientes al sujeto. Es un mundo de ilusión, hipocresía, doble moral y de vez en cuando, lo digo en tono de burla, supremacía ética. Hoy existe una pluralidad ideológica en la superficie pero en el fondo seguimos siendo los mismos chiquillos que creen en la moralidad católica-cristiana enseñada en casa.
Esto lo relaciono con un fenómeno de pseudo-deconstrucción moral que ocurre gracias a los movimientos progresistas que buscan la inclusión. Durante este proceso se busca negar lo más posible pero al negar se queda varado en una isla desierta donde se esperaría que no quedará nada, pero en la realidad es que abundan los residuos. Aquí es donde el naufrago busca recoger las sobras para utilizarlos como herramientas para sobrevivir pero al mismo tiempo las bota una vez cumplido su cometido, así se repiten y utilizan a conveniencia los valores, a partir de situaciones aleatorias vistas a través de la subjetividad. Es un nihilismo incompleto, hipócrita.
¿Qué se puede construir a partir de una sociedad con estas características?
Las sociedades siguen viviendo, a pesar de la pluralidad y los nuevos modos de vida que nos ofrecen las nuevas tecnologías, bajo un dominio hegemónico de los poderosos. Seguimos actuando como lo establece la norma o el dogma, por más que lo neguemos. Esa fuerza se ejerce a través de las estructuras de la sociedad civil, que buscan el consenso entre los participantes, evitando así confrontación entre los entes antagónicos. En este artículo hablaré en especial de una forma que está en nuestras manos. La Universidad.
El modelo social, ya sea de la macro-estructura o en los micros, es la misma. La forma de dominación más poderosa sigue siendo la imposición. En nuestro siglo, es demasiado inusual que se utilice la fuerza para la imposición de los intereses de la élite pero aún así no se niega su uso. En vez de eso, se apuesta por imponer a través de formas más suaves como lo es la escuela, la familia, los medios de comunicación, el mercado, que tienen la misma misión, la de imponer algo mayor a ellos. No se toma nunca la voluntad individual de los sujetos, simplemente se obliga a seguir el mismo camino ya institucionalizado. Si no se ataca nunca este mismo hilo conductor que ha llevado la historia humana arrastrando, nunca se podrá tener una sociedad en paz, libre y “progresista”. Se ataca con la distribución del poder, con el ejercicio efectivo de la voluntad individual que se transforma en fuerza de masas, se ataca con diálogo,  con apertura, con espacios para el debate y sobre todo siendo partícipes de en la toma de decisiones; en resumen con DEMOCRACIA.
La Universidad es una herramienta que sigue formando parte del Estado para establecer su ideología política-económica y mantener a flote sus intereses. Es un instrumento que mantiene el consenso social para evitar revueltas y contrapesos al poder dominante, pero tiene una fuerza mayor que han sabido ocultar muy bien; otorga consciencia. La Universidad es al mismo tiempo un pilar en las sociedades modernas, es el espacio donde la diversidad, lo diferente y lo independiente confluyen. ¿Por qué entonces se nos siguen imponiendo Directores, Rectores, planes de estudio, libros? ¿Por qué se nos excluye de la toma de decisiones? ¿Tengo derecho a elegir o solamente tengo derecho a recibir órdenes?
Tenemos en nuestras manos la oportunidad de crear un nuevo modelo donde que podamos nosotros reconocernos como  sujetos que forman parte de la comunidad y con capacidad de decisión. Donde nosotros actuemos en libertad eligiendo para nosotros mismos y para lo colectivo. Dejemos de lado ya por fin ese mito de la representación popular y hagamos justicia por mano propia. El estudiantado libre, puede ser autoconsiente y autogestionable, designando o eliminando las formas que nos atan al poder político-económico, que lo único que hacen es perpetuar la dominación. La voz que han mantenido callada puede gritar y no sólo eso sino que se puede organizar. La universidad debe de ser el ejemplo, no sólo para la nuestro país sino para las demás naciones que viven en las mismas situaciones que nosotros.
Esta sociedad que parece decadente y vagabunda en lo moral, puede volver a tomar camino y dirección. Dejemos de lado las prácticas antiguas y comencemos nosotros a construir un mundo donde quepan muchos mundos, dirían por ahí. Ya nunca más uno homogéneo, ni estático sino uno heterogéneo y móvil, donde podamos decidir. Aprovechemos la negación que se pretende, que se busca combatiéndolo con apertura. Dejemos de lado la simulación de la democracia y comencemos a aplicarla, a exigirla y luchar por ella. La democracia es el primer paso.

Autor: León A. Sotomayor

Escritor | Facultad de Derecho UNAM | Editor y colaborador de Semanario Revueltas

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