Migrar es un derecho.

“Trump ha desatado los peores odios y ha inyectado fuerza al racismo y a la xenofobia. Ha abierto la puerta a los peores demonios. Por eso el mundo está sobrecogido, y por eso, debemos hacer frente con las herramientas de la democracia y con las herramientas de los derechos humanos (…)”

 

—Carmen Aristegui (https://bit.ly/2gqrbo2)

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos empoderó el racismo ya existente en gran parte de la sociedad estadounidense. A partir de su triunfo en noviembre de 2016, grupos como Ku Klux Klan se vieron representados por el discurso de odio de Trump (https://bit.ly/2PLm7cd); y los ataques en contra de latinos, musulmanes y afroamericanos se volvieron cada vez más frecuentes (https://bit.ly/2CXZn5X, https://bit.ly/2OFZx8z).

“Cualquiera debería tener el derecho de discriminar a quien quiera” (sic)

 

—Jared Taylor, editor de American Renaissance

Para desgracia de aquellas personas, hoy tenemos la certeza de que el racismo carece de fundamento. El antropólogo físico Manuel Soberanes explicó, hace exactamente un año a El Universal, que los seres humanos formamos parte de una misma raza:

“Las razas no existen a nivel genético, sino que somos una sola especie interconectada con un origen común africano y cuyas diferencias son superficiales” (https://bit.ly/2inXZk4, https://bit.ly/2yS5KTY)

Pero en días recientes, con el ingreso de la denominada caravana migrante a territorio mexicano, quedó demostrado que el racismo insiste en permanecer, y que no es exclusivo de un solo país.

Se ha dicho a través de las redes sociales que México no tiene motivos para ayudar a los mal llamados “ilegales”. Reitero lo que muchos ya han sentenciado: ningún ser humano es ilegal.

Sin embargo, eso no detuvo a los usuarios, pues como lo describe Jenaro Villamil en la más reciente edición de la revista Proceso, “El racismo y la xenofobia explotaron en las redes” (https://bit.ly/2ysOh4X).

¿Por qué se da semejante incongruencia? Tercera Vía nos ofrece la siguiente explicación (no es nada descabellada):

Sin embargo, cuando toca hablar del gobierno mexicano, Peña Nieto y compañía nos demuestran que hay algo peor que el racismo, y eso es la sumisión.

Mathieu Tourliere también abordó el tema en la antes citada edición de Proceso, el título de su nota resume a la perfección el predecible actuar de nuestras autoridades: “Trump tuitea y México obedece” (https://bit.ly/2yNaEl8).

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Tal como hace 6 meses, Peña Nieto de nuevo transmitió un hueco mensaje en cadena nacional. El aún mandatario declaró que “no permite, ni permitirá el ingreso al territorio de manera irregular”, pero, ¿con base en qué?

No espero que Enrique Peña y su gente conozcan a detalle nuestro ordenamiento jurídico, sería exigirles más allá de sus capacidades.

Por ello, no debería sorprendernos que ellos y los trumpistas mexicanos de las redes ignoren una importante disposición referente al ingreso a nuestro país, redactada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos:

Artículo 11. Toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes. El ejercicio de este derecho estará subordinado a las facultades de la autoridad judicial, en los casos de responsabilidad criminal o civil, y a las de la autoridad administrativa, por lo que toca a las limitaciones que impongan las leyes sobre emigración, inmigración y salubridad general de la República, o sobre extranjeros perniciosos residentes en el país.

Toda persona tiene derecho a buscar y recibir asilo. El reconocimiento de la condición de refugiado y el otorgamiento de asilo político, se realizarán de conformidad con los tratados internacionales. La ley regulará sus procedencias y excepciones.

También, tenemos una Ley de Migración, y al Presidente le vendría bien leer con atención sus dos primeros artículos:

Artículo 1. Las disposiciones de esta Ley son de orden público y de observancia general en toda la República y tienen por objeto regular lo relativo al ingreso y salida de mexicanos y extranjeros al territorio de los Estados Unidos Mexicanos y el tránsito y la estancia de los extranjeros en el mismo, en un marco de respeto, protección y salvaguarda de los derechos humanos, de contribución al desarrollo nacional, así como de preservación de la soberanía y de la seguridad nacionales.

Artículo 2. (…)

Son principios en los que debe sustentarse la política migratoria del Estado mexicano los siguientes:

Respeto irrestricto de los derechos humanos de los migrantes, nacionales y extranjeros, sea cual fuere su origen, nacionalidad, género, etnia, edad y situación migratoria, con especial atención a grupos vulnerables como menores de edad, mujeres, indígenas, adolescentes y personas de la tercera edad, así como a víctimas del delito. En ningún caso una situación migratoria irregular preconfigurará por sí misma la comisión de un delito ni se prejuzgará la comisión de ilícitos por parte de un migrante por el hecho de encontrarse en condición no documentada. (…)

Y por si fuera poco, existe además una Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político:

Artículo 5. En aplicación de esta Ley se observarán, entre otros, los siguientes principios y criterios:

I. No devolución;

II. No discriminación;

III. Interés superior del niño;

IV. Unidad familiar;

V. No sanción por ingreso irregular, y

VI. Confidencialidad.

Artículo 6. Ningún solicitante o refugiado podrá en modo alguno ser rechazado en frontera o devuelto de cualquier forma al territorio de otro país donde su vida peligre por los motivos señalados en el artículo 13 de esta Ley, o en donde existan razones fundadas para considerar que estaría en peligro de ser sometido a tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.

El extranjero al que se le otorgue protección complementaria no podrá ser devuelto al territorio de otro país donde su vida peligre o en donde existan razones fundadas para considerar que estaría en peligro de ser sometido a tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.

“Antes que nada, los migrantes son como un punto de reflexión (…) Son personas que han sido agredidas en su lugar de origen y que finalmente fue ocasionado por el sistema capitalista, no encontraron condiciones de seguridad ni de trabajo y tienen que huir, tienen que salir.

 

(…) los últimos gobernantes que hemos tenido no han tenido consciencia del cariño que Centroamérica nos tenía, del respeto que nos tenía, la esperanza que había puesto en nosotros como hermano mayor (…)

 

—Alejandro Solalinde, sacerdote y activista mexicano, nominado al Premio Nobel de la Paz en 2017

Por ahora, la caravana se encuentra en Chiapas, y Jorge Ramos reporta que Tapachula solidariamente ha acobijado a los migrantes. Era de esperarse.

Los invito a estar preparados para recibir nosotros también a los hermanos migrantes, solo están de paso.

Aunque, si algunos deciden quedarse, nuestra solidaridad podría traernos un gran beneficio, no sería la primera vez…

Autor: Alfredo Ruiz

Estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México. Director de Difusión Cultural del Club de Oratoria y Debate de la Facultad de Derecho. Sígueme en Twitter e Instagram: @alfredorzmz

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