En defensa de las víctimas

Tras el suicidio de Armando Vega Gil, fundador de la banda Botellita de Jerez, el pasado lunes 1 de abril, volvió a abrirse el debate en torno a la veracidad de las denuncias anónimas por acoso y abuso sexual en las redes sociales.

El movimiento internacional conocido como #MeToo tiene su origen en 2017, con el periódico The New York Times (https://nyti.ms/2RdME5L) mostrando cómo varias actrices de Hollywood —incluyendo a la mexicana Salma Hayek (https://nyti.ms/2AU81yr)— denunciaban los abusos que sufrieron por parte de un director de renombre, un hombre poderoso en el medio como lo fue Harvey Weinstein, quien, además, llegó a ser muy cercano al expresidente estadounidense Barack Obama (https://bit.ly/2UiyWRI).

En México, este movimiento inspiró la creación, no de uno, sino de varios movimientos en los que se difunden abusos en distintos gremios de nuestro país, que van desde nuestra propia industria cinematográfica, hasta la academia. A raíz de la muerte del músico, se volvió a cuestionar a este tipo de movimientos. Vega Gil fue denunciado a través de la (hoy extinta) cuenta de Twitter otrora denominada #MeTooMúsicosMexicanos.

Asimismo, se ha puesto en duda la credibilidad de aquellas mujeres que dicen haber sido víctimas de alguna forma de violencia, ya sea por parte de personajes públicos, por parte de sus familiares, o por parte de sus parejas.

“En el caso de la mujer, ONU Mujeres acotó que el 35 por ciento de la población femenina mundial ha sufrido alguna clase de violencia por parte de su compañero sentimental, estas cifras no contemplan agresiones sexuales.” (http://bit.ly/2WOCTdH)

Esta sociedad ha optado por no creerles, prácticamente, bajo ninguna circunstancia, pues para ellos, siempre habrá algo que la víctima no hizo pero debió de hacer. Siempre.

El problema no es que haya denuncias anónimas, o que sean inventadas o no. El problema es que debería denunciarse ante las autoridades, y no en las redes. Pero las autoridades no hacen su trabajo.

Cuando tú presentas una denuncia ante las autoridades por cualquier delito, ésta es anónima. Esto con la finalidad de que, como presunta víctima, permanezcas a salvo de alguna amenaza o venganza. El anonimato en la denuncia no es el problema, aunque Elena Poniatowska o Marta Lamas piensen lo contrario (https://bit.ly/2WOko8X).

Además, determinar si tantas denuncias son verdaderas o no, es algo que no nos corresponde a ninguno de nosotros. No somos jueces, y las redes sociales no fueron concebidas para reemplazar a los órganos jurisdiccionales, a través de los cuales el Estado debería cumplir con su función de impartir justicia, pero las autoridades mexicanas se caracterizan por no conocer la ley, por dejarse vencer por las tentaciones de la corrupción, haciendo que la justicia solo sea accesible para el que pueda pagarla. Y a esto hay que sumarle el machismo, que está tan arraigado en nuestra sociedad.

¿No me crees?

Era 2016, cuando en un restaurante de Villahermosa, Tabasco, una mesera logró documentar el momento en que un hombre le realizaba tocamientos a una niña que, se presume, se trataba de su hija de cinco años (http://bit.ly/2YKm2KF).

Un año después, y de manera inverosímil, un juez federal argumentó que no había delito porque la menor “no hizo alguna manifestación de inconformidad”. Claro, porque a su corta edad va a tener consciencia de lo que le estaban haciendo…

En 2017, un funcionario del gobierno del estado de Guerrero afirmó, sin pruebas, que jóvenes desaparecidas (una de ellas, menor de edad) se habían ido por su cuenta:

“Las autoridades estatales violaron los derechos humanos y revictimizaron a las mujeres, luego que ayer el vocero del gobierno estatal, Roberto Álvarez Heredia, afirmó en un comunicado oficial y sin sustento legal que ‘ambas no fueron privadas de su libertad y por voluntad propia’ se habrían trasladado a la ciudad de Cuernavaca.” (https://bit.ly/2WFeBmi)

Lo anterior constituyó una violación a la ley, algo que analizaremos más adelante. Pero esto no solo pasa en México. Recientemente en Italia, tres juezas absolvieron a los responsables de una violación, alegando que la víctima no era femenina, sino más bien, masculina (http://bit.ly/2I84IJE):

“Deducir que lo más probable es que la joven se haya inventado todo porque es demasiado masculina y sin atractivo, sería de pésimo gusto e imperdonable en una tertulia de bar, pero leerlo en una sentencia judicial causa estupor e indignación. Produce aún mayor efecto saber que la sentencia está firmada por tres juezas.”

Una prueba concreta de que no hace falta ser hombre para ser machista. Afortunadamente, el proceso será repetido.

Volviendo a México, es importante saber que aquí, las autoridades están obligadas a apoyar a la víctima y no deben empeorar su situación. En aras de prevenir esto, México cuenta desde 2013 con una Ley General de Víctimas, en cuyo artículo 5o. se enlistan los principios a los que deberán apegarse las autoridades correspondientes. A continuación, les presento dos de ellos:

  1. Principio de buena fe: “Las autoridades presumirán la buena fe de las víctimas. Los servidores públicos que intervengan con motivo del ejercicio de derechos de las víctimas no deberán criminalizarla o responsabilizarla por su situación de víctima y deberán brindarle los servicios de ayuda, atención y asistencia desde el momento en que lo requiera, así como respetar y permitir el ejercicio efectivo de sus derechos.”
  2. Principio de enfoque diferencial y especializado: “Esta Ley reconoce la existencia de grupos de población con características particulares o con mayor situación de vulnerabilidad en razón de su edad, género, preferencia u orientación sexual, etnia, condición de discapacidad y otros, en consecuencia, se reconoce que ciertos daños requieren de una atención especializada que responda a las particularidades y grado de vulnerabilidad de las víctimas.”

Adicional a esto, el hoy ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, también se pronunció al respecto, hace no mucho tiempo:

De acuerdo con la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la declaración de una víctima de violencia sexual constituye una prueba fundamental.

Infografía: Suprema Corte de Justicia de la Nación (https://bit.ly/2WMEa52)

Todas estas disposiciones lucen muy favorecedoras. Desafortunadamente, no es una cuestión solamente de leyes, al menos no en el país de la impunidad. La insuficiencia de las instituciones de este país, y de quienes las encabezan, es lo que ha orillado a las víctimas a buscar otros espacios para denunciar.

“… cuando se le dice a una niña que tiene que ser ama de casa, no trabajar y dedicarse a cuidar a los hijos o al esposo estamos creando un modelo que lejos de favorecer a la familia o a la sociedad la limita de forma exponencial, una limitación más seria, cuando se les dice a las mujeres que carreras ‘son para hombre’ como las ingenierías o los deportes. Un caso más común podrían ser frases como ‘las mujeres manejan mal’, ‘las mujeres son muy sensibles y frágiles’ entre muchas otras que por desgracia son muy populares en la sociedad.”

 

– Alexis Ramírez (http://bit.ly/2UfKrZT)

Hace una semana comenté que el estrés en el trabajo, y sus consecuencias, estaban ya normalizadas en una sociedad donde, a la más mínima objeción, podías ser rápidamente tildado de un “flojo que solo se queja por todo” (https://bit.ly/2CVV1La). En este mismo sentido, la más mínima denuncia de machismo puede (tratar de) ser refutada argumentando que éstas y otras frases son “muy populares, muy mexicanas”.

“(La violencia) se encuentra inserta en la publicidad, en el humor, en los memes y en diversos productos y programas que forman parte de nuestro día a día”

 

– Tania Rocha Sánchez, profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM (http://bit.ly/2WOCTdH)

No hay nada folklórico en la violencia. Lo que hay es un sistema capitalista y patriarcal, que para sostenerse, necesita que entre nosotros no haya igualdad (http://bit.ly/2K2Bkam) ni equidad (http://bit.ly/2YQruvt), que haya personas más vulnerables que otras:

“Una de sus características principales (del capitalismo), es la generación de inequidad social, y esta inequidad social, entonces, exacerba cualquier tipo de violencia como discurso”

 

– Ricardo Trujillo, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM

Pero no hay manera de revertir la situación sin cambiar las estructuras actuales. De lo contrario, el machismo y la discriminación seguirán cobrando víctimas cuyo destino será la invisibilidad.

Al igual que Zaldívar, los invito, de manera muy respetuosa, a que todos seamos feministas.

¿Qué opinas tú?

Autor: Alfredo Ruiz

Estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México. Director de Difusión Cultural del Club de Oratoria y Debate de la Facultad de Derecho. Sígueme en Twitter e Instagram: @alfredorzmz

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