FOTOCÍVICAS, UN EJERCICIO DE LA ECONOMÍA CONDUCTUAL

Por Rubén Reséndiz (@ruresem)

 Sin Permiso

En el aeropuerto Schipol de Ámsterdam, las autoridades recibían constantes quejas sobre los baños de los hombres, en particular, el área de mingitorios. Generalmente estaba todo salpicado: el mingitorio, el piso y, no pocas veces, hasta las paredes. Todo indicaba que, al momento de orinar, los hombres no prestaban la suficiente atención para evitar tan desagradable situación. Las autoridades debían intervenir de algún modo pero no estaban seguros cómo hacerlo: ¿multas? ¿amonestación verbal? ¿letreros? ¿Cuál? Mientras se acordaba una solución, el economista Aad Kieboom laboraba en el mismo aeropuerto aunque alejado de las oficinas pues estaba a cargo de la ampliación de Schipol y su trabajo poco se relacionaba con lo que pasaba en los baños. Sin embargo, el problema de boca en boca llegó a sus oídos y propuso una solución: realizar grabados de moscas –o en su defecto un punto negro– en el centro del mingitorio. Esto con el objetivo de atraer la atención de los hombres y, con ella, su puntería. Reunió un pequeño equipo y llevó a cabo pruebas en urinarios-con-mosca. Para sorpresa de todos, las salpicaduras se redujeron en un 80 por ciento.

La curiosa anécdota se inscribe en lo que se conoce como economía conductual (behavioral economics) y ha ganado un gran auge en los últimos años. Richard Thaler, su máximo exponente, ganó el Nobel de Economía en 2017 por su aportación al respecto y acuñó el concepto Nudge que significa “empujar suavemente o dar un golpecito en las costillas con el fin de avisar, recordar o amonestar gentilmente a otro”. De un modo más general, se trata de estimular, incentivar o encaminar a las personas en la toma de decisiones. Dos premisas importantes al respecto: i) el diseño neutral no existe; y ii) no hay que infravalorar el poder de la inercia en la gente.

Las fotocívicas recientemente implementadas en la Ciudad de México se inscriben en la economía conductual. Se trata de modificar el comportamiento de quienes conducen automóviles en la ciudad para así disminuir las muertes y accidentes viales. El mecanismo que sustituye son las fotomultas que gozaban de poca simpatía entre la población. Aunque no es explícito, ambas medidas parten de diferentes premisas y persiguen diferentes objetivos.

Las fotomultas, primer mecanismo implementado, tenían dos grandes deficiencias. En primera instancia, nunca se demostró que la ubicación elegida para las cámaras fuera en las intersecciones donde más accidentes pasaran, sino donde había más posibilidad de recaudar dinero. Esto derivado a que una empresa se quedaba con cerca de la mitad de lo recaudado. Dado que el motor principal de la iniciativa privada es la generación de riqueza, los incentivos para decidir dónde colocar las cámaras estaban viciados de inicio. El interés privado rivalizaba con el interés público. En segundo lugar, conforme pasaba el tiempo la conducta de los automovilistas sugería una actitud nociva. Sucedió que la multa económica por la violación al Reglamento de Tránsito fue interiorizada paulatinamente por quienes manejaban; al final de cuentas, ellos pagarían su falta: Me paso la luz roja pero pago mi multa. Es decir, estaban dispuestos a destinar más dinero de su ingreso para el pago de las sanciones económicas, en vez de rectificar ciertas prácticas. En cierto modo, se permitieron la violación al reglamento a cambio de su dinero. Lo anterior, se refuerza si recordamos que quienes poseen automóviles privados son también quienes poseen mayores recursos económicos. Su lógica recaudatoria caía en su propia trampa.

Las fotocívicas, en cambio, apelan a un cambio de conducta. La violación al reglamento implica un resarcimiento del daño a través del trabajo comunitario. Se busca que cada falta a la norma social signifique una retribución cívica a la comunidad, a la ciudad. Dado que el dinero no es la principal “deuda” contraída por las y los conductores que violan el reglamento, todas las personas se igualan ante la Ley por las consecuencias de sus actos. Se trata de un proceso pedagógico. Ejercicios similares ya se han realizado en otras latitudes del país y alrededor del mundo.

Si bien en el Código Penal de la Ciudad de México, ya se contempla el trabajo en favor de la comunidad como una pena que se puede aplicar, no es común ver personas haciendo este tipo de quehaceres por violación a reglamentos o leyes.

La economía conductual reconoce que a menudo los estímulos económicos, que se creían los más persuasivos (homoeconomicus), pueden quedar cortos en ciertas situaciones por lo que plantea la idea de influir en las decisiones de las personas a través de otros mecanismos para mejorar diversas situaciones. Ejemplos similares a los baños en el aeropuerto de Amsterdam y ahora con las fotocívicas en la Ciudad de México, se han aplicado en otras partes del mundo en áreas como el ahorro, la donación de órganos, la atención sanitaria, el matrimonio, a los hábitos alimenticios, entre otros.

Es común escuchar que en México “nos hace falta educación y empatía”. Sin desestimar el lamento, está demostrado que las personas no siempre tomamos las mejores decisiones. Algunas, incluso, van en contra de nuestro propio bienestar (ej. fumar) o del colectivo (ej. pasarse la luz roja). Pequeños empujoncitos (nudges) podrían ayudarnos. Al conducir un auto en la ciudad, se toman decisiones constantemente y de manera casi automática. La inercia de ciertas actitudes automovilistas con frecuencia no permite dimensionar su nocividad; un proceso pedagógico tiene mayor probabilidad de romper con dinámicas perniciosas.

El éxito de la iniciativa se verá con el tiempo y los datos que se generen. Como toda política pública, su implementación tendrá que experimentar cambios para ajustarse a la realidad. Sin embargo, en una ciudad como la nuestra, la innovación y experimentación se vuelven clave para mejorar la convivencia en este monstruo amurallado llamado Ciudad de México.

COLOFÓN. El alcoholímetro es quizá la política pública de mayor éxito en la Ciudad de México.

Autor: Ruben R.

Leo y escribo. | Se rebasa por la izquierda | Son Jarocho | Me gustan las palabras con CH | Tuiter: @ruresem

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