Diplomacia y aplausos pero ¿A qué costo?

Desde que Donald Trump tomó cargo como presidente de Estados Unidos de Norteamérica, la política mexicana ha tenido que estar alerta a toda publicación o tweet que haga el presidente vecino; pues ha sido muy constante en su manera de referirse a México como un país de delincuentes, migrantes y personas que trafican droga a su país, así como diversas descalificaciones insensatas al pueblo mexicano.  

El pasado 30 de mayo de 2019,  el presidente Trump a través de su cuenta de Twitter informó un impuesto arancelario del 5% a todos los productos mexicanos, dicho arancel crecería paulatinamente hasta alcanzar el 25% en octubre. Todo esto, con el fin de presionar a México con el flujo de personas migrantes indocumentadas que buscan llegar a Estados Unidos. Tras dicha amenaza el presidente Andrés Manuel López Obrador elaboró una carta dirigida al presidente estadounidense, en dicho escrito de manera muy fresca, amigable, cautelosamente, pero con firmeza y soberanía pide no entrar en conflicto y resolver las diferencias por medio del dialogo y políticas, más no con impuestos o violencia.

En la misma línea, el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard encabezó la delegación mexicana que acudió a Washington D.C a negociar las medidas hacia nuestro país en forma de amenaza por el paso de migrantes indocumentados. Dicha delegación también contó con la presencia fundamental de la Dra. Graciela Márquez, Secretaria de Economía; Jesús Seade, subsecretario para América del Norte y Lázaro Cárdenas, Coordinador de Asesores de la Presidencia de la República. Fue una gran delegación que buscaba suspender las medidas económicas y mejorar las relaciones.

Tras dicho suceso, el día de hoy 07 de junio de 2019, el presidente Donald Trump informó que la negociación entre México y Estados unidos había sido gratificante y se había acordado medidas para evitar el constante flujo de migrantes centroamericanos ilegales, lo que le pondría una suspensión al impuesto antes mencionado.

 No obstante, se debe reconocer el trabajo de nuestro canciller así como el de la delegación mexicana, pues lograron el objetivo que era mejor para México , pasando una prueba difícil con la representación de altura que merece nuestro país y estableciendo una vez más las bases de la diplomacia antes que la del egoísmo, necedad y enfrentamiento que no convendría.

Ahora bien, se tiene que hacer una crítica de lo que esta negociación dejó en la mesa, pues claro está que Trump es muy cauteloso y hábil cuando de presionar se trata; ante esto, México cedió con una medida represiva y que pone en una balanza los logros en Washington. El despliegue de la Guardia Nacional en la parte sureste del país para frenar la entrada de migrantes centroamericanos deja un sabor de victoria a medias, una política impuesta ya que es uno de los puntos con los que se comprometió México ante Estados Unidos.

La prohibición, el rechazo y el duro trato que reciben las y los migrantes son cuestiones verdaderamente humillantes,  vienen de países altamente presionados, explotados y donde la intervención de Estados Unidos es clara, pues los gobiernos que tienen a excepción del de Nicaragua son imposiciones norteamericanas. Las y los niños que acompañan a sus familiares en el mejor de los casos, sufren de abandono, separación, nutrición y oportunidades para conseguir tener una vida digna y libre.

El gobierno mexicano ha dicho reiteradamente que no pueden ingresar de manera ilegal o atentando contra los dictámenes que el presidente disponga. También hacen mención que los derechos humanos no han sido violentados ni evadidos, pues lo que buscan es regresar a las personas a su lugar de nacimiento brindando las necesidades de todo ser humano. Esto no es del todo cierto, pues algunos integrantes de la Guardia Nacional así como las diferentes autoridades estatales y municipales no comprenden y violentan de manera reiterada a las y los hermanos migrantes, que ante la política de Trump se ven perjudicados por el gobierno mexicano.

Se comprende y se sabe que la primera responsabilidad de cualquier presidente y de su equipo de trabajo es garantizar el bienestar, la estabilidad y el progreso de su país. Dicho lo anterior, la delegación mexicana hace lo correcto ante el representante del gobierno estadounidense, Mike Pompeo. Pero la pregunta es ¿A qué costo?, esta cuestión implica una interrogante, ya que si a Trump le funcionó la amenaza arancelaria y México se vio urgentemente necesitado por suspender dicha acción ¿Por qué Donald Trump no volvería a utilizar dicha medida para lograr satisfacer otra de sus preocupaciones como lo fue la entrada de migrantes ilegales por tierra mexicana? Esperemos que el gobierno de México haya sido condescendiente hasta cierto punto y no seda del todo ante la presión de Trump.

Finalmente, dentro de la política nacional se constituye un avance, se da por bien resuelta la problemática arancelaria y el gobierno mexicano demuestra que existen funcionarios que se ajustan a los valores, pensamientos y accionares del presidente Andrés Manuel López Obrador. Una noche donde la diplomacia se impuso pero perdió el respeto y tolerancia al migrante centroamericano, hubo represión, hubo ganancia en la moneda y focos positivos para México en el plano internacional pero ¿A qué costo?

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